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Las agujetas del siglo XXI

Una teoría casi centenaria que apuntaba al ácido láctico como el principal culpable de la fatiga muscular parece tener los días contados. Nuevas hipótesis cuestionan la teoría clásica sobre la formación de las agujetas.

agujetasAunque hasta hace relativamente poco se pensaba que las agujetas eran el resultado de la formación de pequeños cristales de ácido láctico, sustancia segregada por el organismo, en el músculo después de un esfuerzo, las investigaciones realizadas en los últimos años apuntan no sólo a que esta sustancia no es dañina para el músculo sino que, además, es una fuente de energía.

Para conseguir la energía necesaria para que el cuerpo humano funcione nuestro organismo trasforma los nutrientes ingeridos a través de la dieta en moléculas de energía, cuando en este proceso no se necesita oxígeno, como ocurre en los entrenamientos o ejercicios de alta intensidad y corta duración (anaeróbicos), las moléculas de energía se consiguen con la trasformación de la glucosa en ácido láctico, es el metabolismo anaeróbico. Cuando interviene el oxigeno el proceso se denomina aeróbico, en él no se produce el "famoso" ácido láctico y la energía generada es mucho mayor que en la fase anaeróbica. Cuando el oxígeno interviene en las reacciones energéticas, el proceso se denomina sistema aeróbico, en él no se produce el "famoso" ácido láctico y la energía generada es mucho mayor que en la fase anaeróbica.

agujetasHasta ahora se pensaba que el ácido láctico generado en un ejercicio de alta intensidad era el responsable de la fatiga muscular. De hecho, muchos entrenadores y atletas desarrollan programas para trabajar en el "umbral láctico". En cuanto a las teorías existentes sobre la fatiga tras un gran esfuerzo, en realidad, el trabajo del músculo aún se desconoce.

Científicos, entrenadores, atletas... se está cuestionando la creencia del peligro del ácido láctico. Una teoría cuyo origen es de principios del siglo pasado.

Cuando en 1922 O. Meyerhof y A. Vivian Hill sometieron los músculos de varias ranas a impulsos eléctricos para favorecer la contracción sin oxígeno y descubrieron que estaban bañados en ácido láctico. Dedujeron, entonces, que la falta de oxígeno conducía a la producción de esta sustancia y por lo tanto a la fatiga muscular. Por esta teoría se les concedió el premio Nobel de Fisiología y Medicina.

Pero comienzan a aparecer numerosas investigaciones y son muchos los expertos que empiezan a rebatir esta hipótesis. "Es uno de los clásicos errores de la historia de la ciencia", afirmaba George A. Brooks, profesor del departamento de biología integrada en la Universidad de California (Berkeley, EE.UU.), al diario The New York Times.

Según Brooks el ácido láctico ayudaría a los músculos a trabajar más y durante más tiempo.

David Allen, fisiólogo del Instituto de Investigación Biomédica de la Universidad de Sydney (Australia), sugiere numerosas posibilidades sobre el efecto del esfuerzo máximo: "Muchos componentes del metabolismo muscular (ácido láctico, glicógeno, fosfocreatinina, fosfato inorgánico, ATP, calcio, sodio o potasio) cambian durante la fatiga y, por cada uno de ellos, necesitamos saber qué proteínas se ven afectadas y cómo éstas regulan la contracción muscular", afirmaba en un comentario publicado en Science como respuesta a un artículo en el que se sugería que las agujetas surgían debido a un desequilibrio celular en los iones de potasio.

Se desconoce hasta dónde es capaz de llegar un atleta. También la fisiología del músculo. Quizás la respuesta a parte de estas dudas se encuentre en el cerebro humano. Como afirma José Luis Martínez (responsable nacional de pruebas combinadas de la Real Federación Española de Atletismo) "la fisiología depende de la mente del atleta. En una competición las emociones son distintas a las de un laboratorio. Con un tono emocional alto, el músculo recibirá más impulso nervioso que el que se da en un entrenamiento. Habría que investigar más sobre el cerebro humano".