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Aunque
hasta hace relativamente poco se pensaba que
las agujetas eran el resultado de la formación
de pequeños cristales de ácido
láctico, sustancia segregada por el organismo,
en el músculo después de un esfuerzo,
las investigaciones realizadas en los últimos
años apuntan no sólo a que esta
sustancia no es dañina para el músculo
sino que, además, es una fuente de energía.
Para conseguir la energía necesaria
para que el cuerpo humano funcione nuestro organismo
trasforma los nutrientes ingeridos a través
de la dieta en moléculas de energía,
cuando en este proceso no se necesita oxígeno,
como ocurre en los entrenamientos o ejercicios
de alta intensidad y corta duración (anaeróbicos),
las moléculas de energía se consiguen
con la trasformación de la glucosa en
ácido láctico, es el metabolismo
anaeróbico. Cuando interviene el oxigeno
el proceso se denomina aeróbico, en él
no se produce el "famoso" ácido
láctico y la energía generada
es mucho mayor que en la fase anaeróbica.
Cuando el oxígeno interviene en las reacciones
energéticas, el proceso se denomina sistema
aeróbico, en él no se produce
el "famoso" ácido láctico
y la energía generada es mucho mayor
que en la fase anaeróbica.
Hasta
ahora se pensaba que el ácido láctico
generado en un ejercicio de alta intensidad
era el responsable de la fatiga muscular. De
hecho, muchos entrenadores y atletas desarrollan
programas para trabajar en el "umbral láctico".
En cuanto a las teorías existentes sobre
la fatiga tras un gran esfuerzo, en realidad,
el trabajo del músculo aún se
desconoce.
Científicos, entrenadores, atletas...
se está cuestionando la creencia del
peligro del ácido láctico. Una
teoría cuyo origen es de principios del
siglo pasado.
Cuando en 1922 O. Meyerhof y A. Vivian Hill
sometieron los músculos de varias ranas
a impulsos eléctricos para favorecer
la contracción sin oxígeno y descubrieron
que estaban bañados en ácido láctico.
Dedujeron, entonces, que la falta de oxígeno
conducía a la producción de esta
sustancia y por lo tanto a la fatiga muscular.
Por esta teoría se les concedió
el premio Nobel de Fisiología y Medicina.
Pero
comienzan a aparecer numerosas investigaciones
y son muchos los expertos que empiezan a rebatir
esta hipótesis. "Es uno de los clásicos
errores de la historia de la ciencia", afirmaba
George A. Brooks, profesor del departamento
de biología integrada en la Universidad
de California (Berkeley, EE.UU.), al diario
The New York Times.
Según Brooks el ácido láctico
ayudaría a los músculos a trabajar
más y durante más tiempo.
David
Allen, fisiólogo del Instituto de Investigación
Biomédica de la Universidad de Sydney
(Australia), sugiere numerosas posibilidades
sobre el efecto del esfuerzo máximo:
"Muchos componentes del metabolismo muscular
(ácido láctico, glicógeno,
fosfocreatinina, fosfato inorgánico,
ATP, calcio, sodio o potasio) cambian durante
la fatiga y, por cada uno de ellos, necesitamos
saber qué proteínas se ven afectadas
y cómo éstas regulan la contracción
muscular", afirmaba en un comentario publicado
en Science como respuesta a un artículo
en el que se sugería que las agujetas
surgían debido a un desequilibrio celular
en los iones de potasio.
Se desconoce hasta dónde es capaz de
llegar un atleta. También la fisiología
del músculo. Quizás la respuesta
a parte de estas dudas se encuentre en el cerebro
humano. Como afirma José Luis Martínez
(responsable nacional de pruebas combinadas
de la Real Federación Española
de Atletismo) "la fisiología depende
de la mente del atleta. En una competición
las emociones son distintas a las de un laboratorio.
Con un tono emocional alto, el músculo
recibirá más impulso nervioso
que el que se da en un entrenamiento. Habría
que investigar más sobre el cerebro humano".
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