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La
responsabilidad, el estrés y la ansiedad
desencadenan numerosas enfermedades. Mantener
la salud de los trabajadores es prioritario,
entre otras razones por las pérdidas
económicas que generan las incapacidades
laborales. En el último trimestre de
2005, en España hubo medio millón
de bajas laborales, con un coste de 2.234 euros
por trabajador al mes. Estos números
nos hablan del aumento del nivel de absentismo,
aparición de trastornos médicos
(alteraciones gastrointestinales, tensiones
musculares, o problemas en la piel); rotación
de trabajadores en determinados puestos o secciones;
bajas voluntarias en la empresa y conflictividad
laboral.
Sólo en años recientes la sociedad
ha comenzado a prestar atención a la
importante influencia que tiene el estrés
en la salud pública y el impacto económico
que ejerce en la producción y en el desenvolvimiento
de los diversos sectores. Pero a partir de esa
toma de conciencia, se han realizado estudios
y propuesto estrategias para mitigar la impronta
que representa (y las pérdidas económicas
que conlleva) eso que muchas veces se confundía
con pereza, desgano, falta de voluntad. Conceptos
como el de control total de calidad en la empresa,
equipos integrales de producción, ambiente
laboral sano…, son hoy habituales en la jerga
de empresarios y ejecutivos, no sólo
por una mayor conciencia de responsabilidad
social, sino también por un avanzado
concepto de rentabilidad económica.
Si aplicamos el concepto de estrés al
ámbito de trabajo de los individuos,
podríamos ajustar su definición
como: "el desequilibrio percibido entre
las demandas profesionales y la capacidad de
la persona para llevarlas a cabo".
La Organización Internacional del Trabajo
(OIT) se refiere al estrés laboral en
los siguientes términos: "Esta
enfermedad es un peligro para las economías
de los países industrializados y en vías
de desarrollo. Resiente la productividad, al
afectar la salud física y mental de los
trabajadores".
Así, la OIT sostiene que "las
empresas que ayuden a sus empleados a hacer
frente al estrés y reorganicen con cuidado
el ambiente de trabajo, en función de
las aptitudes y las aspiraciones humanas",
tienen más posibilidades de lograr ventajas
competitivas.
En las organizaciones donde se presta particular
atención a estos factores es posible
observar crecientes niveles de productividad
y disminución de costes. No obstante,
este planteamiento no es general, salvo en aquellas
empresas que han comprendido la filosofía
y el concepto del control total de calidad.
Sólo
hay una manera de obtener el máximo partido
de los trabajadores: asegurarse de que estén
bien, y esto se consigue invirtiendo en salud.
Los programas de salud de las empresas deben
invertir en centros de salud activa, ya que
buena parte de estas bajas temporales se deben
a dolencias que se pueden prevenir y de fácil
curación si se es constante. Invertir
en beneficios sociales, en centros de salud
activa, les permite reducir significativamente
los niveles de absentismo y bajas laborales.
Al respecto la OIT plantea: "La lucha
contra el estrés en el trabajo será
uno de los grandes empeños que deberán
acometer tanto los gobiernos como los empleadores
y los sindicatos en los próximos años.
Las empresas que probablemente tengan más
éxito en el futuro serán las que
ayuden a los trabajadores a hacer frente al
estrés y reacondicionen el lugar de trabajo
para adaptarlo mejor a las aptitudes y aspiraciones
humanas".
Los
centros termales urbanos insisten día
a día en este concepto de la salud activa,
algo fundamental para todos, pero especialmente
en relación al trabajo ya que el estar
muchas horas sentado, el estrés, las
malas posturas… generan molestos dolores y contracturas
en el cuello o la espalda, a veces tan graves
que pueden provocar una baja temporal. Además
acabar con el estrés es fácil
con unos minutos de masaje o baños de
burbujas.
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