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El
Ikebana aleja de nosotros el temido y tan sufrido
estrés, aporta serenidad y es uno de
los mejores instrumentos para potenciar la concentración
y estimular la imaginación. Es una técnica
basada en la búsqueda de la armonía
(concepto japonés en que se basa la salud
y la felicidad) y la perfección, a la
que se llega gracias al equilibrio y elegancia
más depurados.
Ikebana en japonés significa arreglo
floral: y ésta técnica es precisamente
eso, la creación de arreglos florales
como terapia. En todo el mundo hoy día
encontraremos escuelas de Ikebana, donde se
trabaja fundamentalmente con la forma del triángulo,
forma plástica de representar el cielo,
la tierra y el hombre.
Para un buen arreglo de flores, se busca ante
todo la perfección de las líneas,
la armonía en los colores y formas escogidos,
y la tradición no deshecha la sencillez,
todo, hasta una simple rama puede ser delicada
y deliciosa si somos capaces de encontrarle
su lugar ideal.
Esta es una técnica con más de
20 siglos, que se ha ido desarrollando a través
de la historia y los países, enseñándonos
la sensibilidad y el amor por lo natural que
siente la tradición japonesa y que llega
a utilizarse hoy por multitud de diseñadores,
decoradores, artistas…y simples aficionados
en busca de llenar sus ratos libres de paz y
armonía. Es en fin, un pedazo de arte
y naturaleza del que poder rodearnos, tan sólo
hace falta algo de tiempo y tendremos una joya
en cada rincón, ventanas, mesitas, la
oficina…
El
ambiente así coronado, se convertirá
en un lugar cálido, agradable y acogedor,
sus efectos terapéuticos no sólo
se basan en su creación, sino también
en su mera contemplación posterior.
Estar en contacto directo con las flores nos
eleva el ánimo, aporta serenidad y calma.
Practicar el Ikebana no es un mero aprender
a decorar, cada acción tiene un sentido
y un significado concretos, una dirección,
conocer esto permite sensibilizar a la población
y saber que la práctica de este arte
va más allá de lo que parece.
Lo normal en Japón es tardar como mínimo
tres años en aprender este arte, aunque
al ser como decimos un arte y una filosofía,
no importa el tiempo, sino el camino que recorremos,
y no existen plazos fijos, como la vida, se
trata de un aprendizaje continuo, nunca podemos
pararnos y decir que ya lo sabemos todo, sino
siempre seguir adelante.
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