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Diferente a cualquier otro tipo de masaje facial. El Kobido es una combinación
profunda de los conceptos médicos japoneses tradicionales y su propósito
es trabajar, específicamente, con los meridianos y tsubos faciales,
para alcanzar un equilibrio entre la piel y los músculos llegando, finalmente,
a mejorar el cuerpo.
Y
es que, según la tradición japonesa, la belleza es el reflejo del
equilibrio óptimo entre lo físico, lo psicológico y lo espiritual
y llega de una forma natural si una persona consigue tener estos tres elementos
en armonía. Tradicionalmente, en Japón,
la cara es una de las partes primarias del cuerpo y, por eso, los problemas faciales
revelan un desequilibrio del Ki (la energía vital). La belleza facial
sólo es posible cuando el Ki está equilibrado y esto es,
porque el concepto japonés iguala belleza y salud.
Más allá de tradiciones que, aunque nos sirven para entender
este masaje, no dejan de ser, eso, tradiciones; el Kobido se diferencia, fundamentalmente,
de los masajes occidentales en que, mientras estos trabajan la superficie de la
cara con movimientos suaves, el masaje facial japonés está basado
en técnicas de percusión combinadas con técnicas de masaje
profundo, que trabajan la musculatura que está debajo del tejido superficial,
utilizando para ello mucha más presión que en el masaje occidental;
también, en el Kobido existen una gran variedad de movimientos superficiales.
Esta
variedad de técnicas requiere de una gran habilidad con los dedos, ya que
es con el movimiento de los dedos y la manipulación de las manos con los
que se recibe este masaje; que empieza por la nuca mejorando, así, la circulación
de la sangre esencial para trasportar a los tejidos faciales sustancias como el
oxígeno y otros nutrientes, reparando los tejidos dañados de la
cara y favoreciendo la eliminación de toxinas, además, es una buena
introducción a la terapia facial, porque es muy relajante y, muchas veces,
la tensión acumulada se refleja en los músculos de la nuca.
El Kobido se puede realizar en un futón, en una silla reclinable o en
una camilla de masaje, el ambiente debe ser tranquilo, la iluminación tenue,
la temperatura agradable y, además, se puede añadir una música
relajante.
Se realiza en tres etapas: limpieza, hidratación y estimulación.
Dura unos 30 minutos (incluyendo la nuca y el cuero cabelludo) y es suficiente
con una sesión semanal. Se utilizan aceites vegetales y aceites esenciales
puros para la manipulación del rostro y es, en la fase de estimulación,
donde empieza toda una serie de movimientos cuyo, único, fin es relajar
los músculos contraídos favoreciendo, así, la eliminación
de arrugas y la recuperación del aspecto de la piel; cuando los músculos
están relajados la sangre circula libremente por ellos recibiendo, de esta
manera, todos sus beneficios, por lo que el Kobido es eficaz para que las células
de la piel puedan repararse y rejuvenecerse por sí solas. El masaje facial
japonés es, también, de gran utilidad para las manchas de la edad,
para la piel grasa o seca, el acné, las migrañas o el dolor en la
articulación de la mandíbula.
Como vemos el Kobido pretende llegar más allá de lo que, habitualmente,
entendemos como un masaje facial es decir, el simple hecho de que penetren una
serie de productos, suavemente, en nuestra piel para hidratarla, nutrirla pero
sin incomodarla; el masaje facial japonés lo que hace es limpiarla, hidratarla
y ¡despertarla!

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