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Este
masaje nació en una aldea entre Irán y Afganistán, de la
que lleva su nombre, Breema. Sus beneficios fueron tales que se aplicó
desde la India a Oriente Medio, aunque tan sólo en la actualidad se le
ha dado la importancia que se merece en Occidente.
Sus creadores se basaron en la percepción del cuerpo y su innato vínculo
con los ritmos de la naturaleza, como la forma de sus laderas, los movimientos
de los animales que les rodean…, creando así una serie de secuencias de
movimientos.
En conjunto es la conjunción perfecta entre danza y masaje, entre dar
y recibir, enseñar y asimilar. Con nuestro cuerpo mostramos ideas, sentimientos,
y en forma de danza el ritmo y los movimientos se convierten en poesía,
en influjo armónico que serena el alma y nos proporciona placer y bienestar.
Se busca una participación plena en la vida para lograr la armonía,
siendo esta la forma más natural de moverse y de vivir, y que sólo
es posible cuando el cuerpo, la mente y los sentimientos están unidos.
Los movimientos del Breema expresan físicamente los principios en que
se basa, que son los principios de armonía, principios universales que
pueden aplicarse a cualquier trabajo corporal, como son el lograr sentirnos cómodos
en nuestro propio cuerpo y conseguir auténtico bienestar, expresar nuestra
verdadera naturaleza, el apoyo mutuo entre las personas, el ritmo natural de la
vida que es lento pero sin pausa…
El
fisioterapeuta lleva a cabo una coreografía de movimientos sutiles y armoniosos
que combinan estiramientos, rotaciones y balanceos mientras cambia progresivamente
el ritmo y la intensidad. De esta manera, esas posturas únicas logran el
bienestar tanto del que recibe el masaje como del que lo da, siendo un masaje
para el cuerpo y el alma.
En la manera de tocar del Breema se aúnan delicadeza y firmeza, por
un lado lo agradable de una caricia y por otro, la relajación profunda
en cada uno de nuestros músculos y articulaciones.
Se empiezan las sesiones de Breema colocándonos boca arriba, y el experto
comienza trabajando en las piernas, progresivamente irá avanzando hacia
la parte superior del cuerpo y llevando a cabo con nuestro cuerpo una serie de
movimientos hasta acabar la sesión. Después nos dejará solos,
acostados y profundamente relajados, para poder asimilar plenamente los efectos
del masaje.
La función básica de un masaje es la salud del cuerpo, dar la
caricia que éste necesita, aunque es mucho más que eso, ya que sólo
con el tacto proporcionamos mayor seguridad emocional, confianza, tranquilidad,
aceptación y protección contra el dolor.
Por ello masajes como el Breema son indispensables hoy día, desde un
punto de vista anatómico y muscular ya que elimina dolores y ajusta desarreglos
posturales y de estrés, y desde un punto de vista emocional, debido a que
con el ajetreo de la vida moderna necesitamos más que nunca tocar y ser
tocados, y recuperar el ritmo natural de la vida. Sólo así se logra
la paz y el bienestar que tanto nos hacen falta.
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