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Absolutamente
todo a nuestro alrededor es agua, tanto dos tercios de nuestro planeta como el
60% de nuestro cuerpo, ¿por qué no basarnos en sus beneficios naturales
para armonizar cuerpo y mente y conseguir la tan deseada paz, salud y alegría?
Es sabido que el agua despierta en nosotros una sensación inconsciente
de protección y placer.
Una de las terapias más revolucionarias en el mundo de los spas y balnearios
es el woga o yoga en el agua, una práctica donde las posturas (asanas)
se basan en el equilibrio mediante la flotación. En el agua hay mayor libertad
para coordinar movimientos, fortalecer y relajar la musculatura, ya que el ejercicio
es más suave y dentro del agua se pesa menos.
El
agua templada hace que nuestro cuerpo se relaje, que nuestros músculos
sean más flexibles sin dolor. En el agua los movimientos parecen deslizarse
de forma suave, favoreciendo el relax que deseamos alcanzar. Además un
enorme beneficio de este medio es que no se corren riesgos de lesiones, ya que
las actividades acuáticas tienen la ventaja añadida de reducir el
impacto en las articulaciones y la sobrecarga muscular.
El yoga acuático une el placer natural que proporciona el agua a los
beneficios del yoga tradicional, que busca el control interno y externo del cuerpo
y la mente a través de ejercicios de flexibilidad, meditación, concentración
y relajación.
Según Gregorio Silvestre, padre del yoga en el agua, este tipo de yoga
tiene una peculiaridad importantísima: debido a la poca gravedad que el
medio ofrece y al no haber un punto fijo para usar de soporte, el practicante
es obligado a encontrarlo dentro de su propio cuerpo. También dice que
la relajación en un medio acuático proporciona una rápida
y precisa conexión con nuestra memoria subconsciente.
Las sesiones de woga son una mezcla de movimientos estáticos, leves
y armónicos, muy parecidos a los del hatha yoga, y adaptados especialmente
al medio acuático donde se realizan con tubos de buceo y varios accesorios
para piscina.
Se pueden realizar de forma individual o en grupo. Algunas posturas se realizan
en flotación, y otras con los pies en el suelo o apoyados en el borde de
la piscina, por ello se pueden realizar en cualquier tipo de agua, que cubra o
no, aunque siempre a una temperatura entre 34 y 36 grados ya que los músculos
se relajan mejor en agua cálida y una temperatura más baja de la
deseada puede producir hipotermia.
Se trata pues de una actividad adecuada a cualquier edad y muy aconsejable,
ya que sus beneficios abarcan desde una gran mejoría en los problemas propios
de la edad como la artrosis, a una ayuda psicológica en los problemas de
auto-estima, timidez o depresión. Es un ejercicio suave, sumado a las ventajas,
hoy en día tan necesarias, de la meditación.
Lo
más curioso es que algunos practicantes también aprovechan la hora
del baño para practicar un poco de yoga acuático, combinando así
el placer de un baño caliente al final del día con el yoga y la
meditación.
Tan sólo necesitamos llenar la bañera con agua caliente y sumergirnos,
olvidando, eso sí, las preocupaciones de la vida cotidiana que nos acompañan
cada día, y relajarnos. Se crea así un mundo cálido de paz
y armonía, más fácil de lo que creemos y al alcance de todos.
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