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Todos
hemos comprobado, quizás sin saber bien por qué, que tomar el sol
produce una clara sensación de bienestar. Y es que la luz del sol aumenta
hasta en un 86% el nivel de energía de los seres humanos. Algo que se debe
al hecho de que la célula utiliza la energía electromagnética
procedente de la luz solar para recargarse merced a un fenómeno que se
conoce como fotorreactivación y que es posible porque la piel dispone de
unos biorreceptores que captan los fotones de la luz solar.
Y es que, utilizado con precaución y una adecuada protección,
los beneficios del Sol son innegables, es por eso que se están poniendo
de moda terapias como la luminoterapia.
Los beneficios del Sol
Estimula la circulación: Los rayos infrarrojos provocan una vasodilatación
en la piel y un aumento de la circulación de la sangre en la zona. De esta
manera se acelera la distribución de las sustancias producidas por la exposición
a los rayos ultravioleta, por ejemplo la vitamina D. La vasodilatación
y el aumento del metabolismo favorecen la curación de heridas y ciertas
enfermedades de la piel. Se acelera así su renovación. Ayuda, también,
a disminuir la tensión arterial y el colesterol previniendo las enfermedades
cardiovasculares.
Equilibra el sistema nervioso: El baño de sol produce una acción
eufórica y tonificante, ya que favorece la secreción de serotonina
un neurotransmisor que juega un papel muy importante en el humor, ansiedad, sueño,
dolor, conducta alimentaria, sexual y un control hormonal hipotalámico.
Esta además regula las funciones neuroendocrinas, la temperatura corporal,
actividad motora y las funciones cognitivas. El Sol, además, modula la
secreción de una hormona llamada melatonina presente, en exceso, en las
depresiones. La acción eufórica del sol es muy clara, no tenemos
más que recordar el carácter de las personas que viven en los países
tropicales. El sol tiene también un efecto tonificante sobre los músculos.
Eleva la tasa de calcio: Es el mineral que más abunda en el cuerpo
humano y se necesita en cantidades importantes. Desempeña múltiples
funciones fisiológicas. La función más importante es la construcción
de los huesos. El sol, tomado en dosis moderadas, puede potenciar el calcio en
nuestro cuerpo. El calcio nos protege de la osteoporosis. Los reumatólogos
recomiendan a las mujeres con menopausia que incrementen la cantidad de calcio,
precisamente para evitar la osteoporosis. Los baños de sol en estas situaciones
son importantes porque contribuyen a aumentar la tasa de calcio en nuestro organismo.
Ayuda a la salud dental, forma el esmalte, conserva a los dientes y previene las
caries. Es también un tranquilizante natural que sirve para inducir el
sueño.
Favorece la formación de vitamina D: Que es esencial para el
crecimiento y desarrollo corporal, para la mineralización de los huesos
durante el crecimiento y en los adultos para el mantenimiento de la salud de huesos
y dientes. La vitamina D aumenta la absorción de calcio en el intestino
delgado. Fija el calcio y el fósforo en huesos y dientes. Aumenta la absorción
intestinal del fósforo, la reabsorción de calcio y fósforo
en el riñón. Interviene en la regulación del calcio en sangre.
De todas maneras hay que tener en cuenta que un exceso de sol frena la síntesis
de vitamina D, cuanto más oscura es la piel, menos penetran los rayos del
sol y menos vitamina D se sintetiza.
En la playa los efectos positivos del sol se ven potenciados con el valor terapéutico
del agua del mar, pero siempre debemos tener en cuenta una serie de precauciones:
Comience
a tomar el sol de forma gradual durante los primeros días no más
de 20 minutos. En la montaña, los rayos están menos filtrados y
alcanzan la piel con mayor potencia. En la playa, el agua y la arena amplifican
la luz solar. No baje la guardia los días nublados. Evite las exposiciones
entre las 12 y las 16 horas Si está tomando medicamentos, consulte a su
médico. Bajo el sol, no use perfumes, fragancias o desodorantes elaborados
con alcohol. Aplíquese la crema protectora media hora antes de exponerse
al sol. Repita la operación cada media hora y cada baño. Mayor índice
de protección en rostro, nariz y labios. Utilice barras de labios con filtro
solar. Proteja los ojos y su contorno con gafas de sol de cristales polarizados.
Después de un baño de sol, agua de mar o piscina, dúchese
con agua fresca y dulce, para eliminar el salitre y el cloro que dañan
la piel. Tras la ducha aplíquese una crema hidratante o loción after-sun
.Proteja su cabeza con un gorro para evitar que el pelo se reseque y después
de la exposición al sol lávese su cabello con un champú de
calidad. Asegúrese de beber agua frecuentemente, una exposición
prolongada al sol supone peligro de deshidratación.
Los filtros solares
El FPS (Factor de Protección Solar) es un índice que nos indica
el tiempo que podemos exponernos al sol sin riesgo de quemaduras. Es un número
que indica cuál es el múltiplo al que se puede exponer la piel protegida
para conseguir el mismo efecto que se obtendría si no se hubiese aplicado
ninguna protección. Cuanto más alto es el FPS, más alta es
la protección de los rayos solares. La función de los filtros solares
consiste en prevenir las quemaduras y los cambios degenerativos de la piel cuando
reciben radiaciones solares superiores a las que puede resistir.
Se distinguen cuatro tipos de piel, dependiendo de su resistencia al sol que
vendrá dada por su capital solar, la cantidad de melanina que se tenga
y por el código genético.
Tipo I. Personas con piel muy blanca y sensible, pecas, pelo rubio o
pelirrojo, y ojos claros. Suelen quemarse con facilidad y casi nunca se broncean.
Necesitan protección 25 a 30. Tiene el umbral para la quemadura solar a
los 5 ó 10 minutos de comenzar su exposición solar.
Tipo II. Personas con piel clara, fina y sensible. Al principio se queman,
para después adquirir un ligero tono bronceado. Su índice de protección
es de 20 a 25, y su umbral para que se produzca la quemadura solar está
entre 10 y 20 minutos de exposición.
Tipo III. Su tono de piel es claro o marrón claro. Se broncean
bien debido a su mayor resistencia al sol. Necesitan una protección comprendida
entre 6 y 15, dependiendo del tiempo de exposición y el umbral para que
se quemen está entre 20 y 30 minutos de exposición.
Tipo IV. Es más gruesa y más resistente a la exposición
solar. Su color natural va del marrón claro a un tono más oscuro.
Se broncea con gran facilidad y es difícil que se queme. El índice
de protección que necesita es menor que los anteriores, estando entre 4
y 10. El umbral de quemadura solar está entre los 30 y 45 minutos de exposición.
Dieta para un bronceado saludable
La naturaleza nos proporciona alimentos que poseen sustancias que favorecen
la salud de la piel y tienen efectos protectores frente a las radiaciones solares:
El agua: Imprescindible para la hidratación de la piel. En verano debemos
beber como mínimo dos litros de agua al día.
Los betacarotenos: Son los precursores de la vitamina A. Aceleran el bronceado
y la producción de melanina. Abundan en las frutas y vegetales de color
amarillo-naranja como la zanahoria, melocotón y tomate.
Los ácidos grasos omega 3: Protegen la piel de la deshidratación
y alivian lesiones cutáneas. Se encuentran en pescados grasos o azules
como arenque, atún, sardinas. También se encuentran en las nueces.
La vitamina C: Con propiedades antioxidantes. Está presente en los tomates,
cítricos y, en gran cantidad, en el kiwi.
La vitamina E: Acción antioxidante y cicatrizante. Fundamental en la
reparación de las alteraciones producidas por el sol.
Las vitaminas del grupo B: Fundamentales para los problemas de la piel y el
cabello. Las encontramos en los cereales, la carne, los frutos secos, la levadura
de cerveza, entre otros.
Además, minerales como el azufre (necesario para sintetizar un gran
número de proteínas, como las que forman el cabello, los músculos
y la piel), el selenio (que junto con la vitamina E actúa como antioxidante,
ayudando a nuestro metabolismo a luchar contra la acción de los radicales
libres), el zinc y el manganeso, son, también, grandes aliados de nuestra
piel. Podemos encontrarlos en el arroz, los frutos secos, las verduras, las legumbres,
el pescado, los huevos etc.
"El rayo de la vida" así lo llamaban los chinos hace 5000
años. Y tomado con moderación y una buena protección no hay
nada que te impida beneficiarte de los maravillosos efectos del Sol para la salud.
¡Disfrútalo!
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